Agresividad en madres: comportamientos más comunes

21 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bióloga Ana Díaz Maqueda
La conducta agresiva de las madres aparece poco antes del parto, cuando la hembra se está preparando para la llegada de su progenie. La defensa de las crías es crucial para su supervivencia.
 

La maternidad en aquellos animales que poseen cuidado parental, como los mamíferos o aves, es una de las experiencias más transformadoras de la vida. Asimismo, desde la perspectiva de la descendencia, el vínculo entre la madre y las crías afecta profundamente al desarrollo de los sistemas cerebrales que regulan el comportamiento social.

Este vínculo se crea gracias a un conjunto de hormonas que, además, hacen que los progenitores defiendan y protejan a sus crías. Una de las conductas más interesantes es la agresividad en las madres. Aquí te la explicamos.

Una respuesta hormonal

Todo el conjunto de hormonas femeninas, junto con la acción de otros neurotransmisores, despiertan en las madres una serie de conductas. Por un lado, el estrógeno y la progesterona preparan el útero para la implantación de los embriones y el desarrollo de la placenta.

La prolactina estimula la producción de leche, mientras que la oxitocina inicia el parto y causa la segregación de la leche durante el periodo de lactancia. Además, la oxitocina, junto a la dopamina, activan vías neuronales que motivan a la madre a querer nutrir, vincularse, proteger y defender a su descendencia.

Como vemos, estos comportamientos que pueden aparecer en las hembras están siempre mediados por las hormonas. Según los niveles hormonales, estos animales presentarán distinto grado de agresividad. El fin último de todos estos cambios y conductas es la supervivencia de la progenie.

 
Una gata con sus crías.

¿Por qué las madres defienden a sus crías?

La territorialidad femenina, definida como la defensa del espacio exclusivo de las hembras en mamíferos, se ha considerado como un mecanismo para defender los recursos alimenticios.

Actualmente, los estudios sugieren que las hembras que tienen a su cuidado crías no muestran interés por los recursos, a menos que estos estén guardados en algún tipo de despensa (en las especies que almacenan alimento). Por el contrario, parece ser que las hembras muestran agresividad hacia sus congéneres cuando tienen crías. 

Esta conducta depende en gran medida de si la hembra pertenece a una especie con comportamientos solitarios, semisociales o sociales. Por ejemplo, en hembras solitarias o semisociales como las gatas, la protección de las crías se centra en evitar el infanticidio, es decir, que aparezca otra gata o gato y acabe con sus crías para eliminar la competencia. 

Generalmente, las conductas agresivas comienzan poco antes del momento del parto, cuando la hembra empieza a fabricar el nido. Tras el nacimiento, todo el conjunto hormonal crea un fuerte vínculo entre madre y crías. Esto causa las conductas de acicalamiento, alimentación y protección. Es en esta fase, la lactancia, cuando una madre puede mostrar más agresividad. 

 

Durante el periodo de lactancia las crías se encuentran en el momento más crítico, pues están indefensas y su supervivencia depende totalmente de la madre. Por ello, es en este momento cuando las hembras muestran más agresividad, pero esta va disminuyendo conforme las crías crecen y acaban destetándose.

Conducta canina: un ejemplo de agresividad en madres

Uno de las mayores preocupaciones que pueden tener los tutores con perras gestantes es que muestren agresividad cuando nazcan las crías. En principio, esto es poco probable. La agresividad materna suele dirigirse hacia individuos potencialmente peligrosos para la prole, como otros perros o personas desconocidas.

Una perra que viva en un hogar estable, con bajos niveles de estrés y que tenga una buena relación con su tutor, no debería mostrar agresividad. Por otro lado, es importante que el dueño comience a establecer una relación con las crías, incluso antes de que estas nazcan.

Esto se consigue acariciando la barriga de la perra. El primer sentido que desarrollan es el tacto, por ello, las crías notarán ese contacto antes del nacimiento. Además, esta actividad hace que la perra confíe mucho más en su tutor.

No obstante, la perra defenderá el nido (o lugar donde permanecen las crías) durante toda la lactancia. Por ello, es importante evitar que otros perros que no tengan un vínculo con ella se acerquen.

Agresividad en conejas con crías

Generalmente, el comportamiento agresivo de las conejas que viven en libertad se centra, igualmente, en evitar el infanticidio por parte de otras conejas, además de conseguir mantener la madriguera más segura.

 

En cautividad o en conejas mantenidas como mascotas, uno de los mayores problemas recae en la agresividad o infanticidio dirigidos hacia las crías por parte de la propia madre. Estas conductas aberrantes suelen aparecer como consecuencias del estrés o de falta de experiencia y seguridad en las hembras domésticas.

Las conejas son animales que defienden muchos a sus crías y su madriguera, pues tener el mejor nido aumenta las probabilidades de conseguir que todas las crías salgan adelante. Esto se consigue mostrando agresividad hacia los congéneres. Por esta razón, si tu coneja está embarazada, es importantísimo que respetes su nido y no te acerques a él.

Una madre coneja con sus crías.

El milagro de la vida

Como hemos podido ver, la agresividad en madres es un comportamiento común muy cimentado en los animales tanto domésticos como salvajes. El cuidado de la progenie siempre prima por encima del bienestar individual.

Por tanto, brindar espacio y comodidad a las hembras en este periodo tan delicado es esencial. Para ellas, la vida se ve representada en su descendencia. No debemos de olvidarlo.

 
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