En busca de los perros perdidos tras la explosión de Beirut

01 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bióloga Ana Díaz Maqueda
A pesar del terror vivido, el caos, las vidas humanas y animales perdidas, Leia siguió buscando a sus mascotas tras la terrible explosión de Beirut.

Las consecutivas y devastadoras explosiones acontecidas en Beirut a principios de agosto dejaron a unas 300 000 personas sin hogar en un pestañeo. Muchas familias perdieron a sus seres queridos, pero esta catástrofe no solo afectó a las personas, también a sus mascotas. Hoy conoceremos la increíble historia de Leia y sus perros perdidos en la explosión de Beirut.

Tras el desastre y los primeros minutos de desconcierto, todos los vecinos intentaron ayudarse los unos a los otros. Entre un caos de cristales rotos, sangre, humo y desesperación, la comunidad se reunió para refugiarse de lo que en un principio pensaron podía ser otra guerra como en el 2006.

En ningún momento nadie pensó en abandonar a sus mascotas, pero como lo humanos, ellas también tenían miedo y estaban desorientadas. Descubre con nosotros esta historia de esfuerzo y superación, que demuestra que el amor de un tutor por su perro no conoce barreras.

Instantes tras la explosión y los primeros pensamientos de Leia

Nadie se imaginaba lo que mantenían guardado en el puerto de Beirut. Según el gobierno libanés, la causa de las explosión fueron 2 750 toneladas de nitrito de amonio. Este compuesto es usado muchas veces como fertilizante, pero también para crear bombas.

El arsenal fue requisado a un barco ruso en el año 2014 y guardado en el puerto de Beirut. Aunque altos funcionarios de aduanas intentaron extraer el nitrato de allí y donarlo al ejército libanés, nunca consiguieron los permisos. Por desgracia, unos trabajos de soldadura en el almacén contiguo iniciaron un incendio que concluyó con la terrible explosión. 

El resultado fueron 135 víctimas muertas en el acto, 5 000 desaparecidos y 300 000 personas desplazadas. En este último grupo tiene cabida la historia de Leia y sus perros perdidos en la explosión de Beirut.

Según Leia, una luz blanca le lanzó a una esquina de su habitación, mientras todo lo que podía llegar a ver eran cristales rotos y madera astillada. Su primer pensamiento cuando pudo volver en sí, a pesar del zumbido en los oídos, fue su familia.

No su familia biológica que estaba a salvo lejos de Beirut, sino la adoptiva. Lo primero que Leia pensó fue en sus pequeños peludos que adoptó durante los últimos años.

Alguien llegó a lo que antes era su puerta y le dijo que sus perros estaban bien. Así, tomó a su compañera de piso Lizzie y pusieron rumbo a la salida entre un mar de peligrosos escombros punzantes.

Perros perdidos en la explosión de Beirut.

¿Dónde están los perros perdidos en la explosión de Beirut?

Con mucho miedo por la posibilidad de que hubiera otra explosión y con el recuerdo vívido de la guerra del Líbano en el año 2006, Leia y sus vecinos se refugiaron bajo una escalera. Para su sorpresa, ahí estaba Fred, el mayor de los canes. Pero el pequeño cachorro Bunduq, que había llegado hasta Leia cuando su familia lo abandonó por miedo al COVID-19, no estaba.

Durante los siguientes días, Fred no se separó de su tutora. Defendió las ruinas de lo que había sido su hogar mientras esperaban con esperanza a que Bunduq encontrara el camino de vuelta a casa.

Para Leia, sus perros adoptados son el sentido de estabilidad de su vida. Forman parte de su hogar, su familia elegida. Como dice ella: «yo no elegí a mi mascota, ella me eligió a mí». 

Movimiento social para encontrar a los perros perdidos

Como Fred y Bunduq, muchos perros se perdieron tras las explosiones de Beirut. En un grupo de Whatsapp donde participaba Leia, llamado «mamá perro», y a través de las redes sociales, todos los canes fueron poco a poco encontrados.

Por desgracia, Leia no podía salir a caminar en busca de Bunduq, pues sus pies estaban totalmente destrozados por los cortes y tuvo que permanecer en el hospital durante días. No obstante, no dejó de publicar noticias sobre la desaparición de su can y rezó para que supiera encontrar el camino a casa.

Mientras tanto, sus amigos no dejaron de recorrer las calles en busca de Bunduq, pues colgaron carteles y preguntaron a los vecinos. Además, una organización benéfica local que ayuda a los animales sin hogar hizo un llamamiento para buscar al can. Por desgracia, no había ni rastro de él.

Por fin, una señal sobre Bunduq

Los días pasaban y Leia comenzó a perder la esperanza. Su can perdido pudo ser atropellado por un coche, o quizá sufrió terribles heridas debido a la explosión, lo cual le impidió volver a casa.

Un día, mientras Leia escribía un blog sobre los perros rastreadores que buscan personas entre los escombros, la pantalla de su móvil se iluminó y mostró un mensaje: «¿Perdiste un perro? creo que lo tengo».

La persona que contactó había encontrado a Bunduq en Beirut tras la explosión y se lo llevó a Trípoli, a más de 50 kilómetros de distancia. Su rescatador perdió todo en las explosiones y tuvo que desplazarse. A pesar de ello, no iba a dejar a un pobre cachorro asustado abandonado, por lo que no se lo pensó dos veces y lo subió a su coche.

Otro problema: ¿cómo llegar hasta él?

Leia no tenía coche para desplazarse, además debía someterse a varias cirugías para sanar todos los tendones cortados de sus pies. Para su sorpresa, una asociación llamada «Los amantes de los animales del Líbano» desarrollaron un plan para traer de vuelta Bunduq. Así fue como, a las dos de la madrugada de ese mismo día, el cachorro volvió a estar en el regazo de Leia.

Historias como esta, donde una red de seres humanos trabaja unida para los demás por el hecho traer de vuelta a un ser que se ha perdido y se encuentra solo a los brazos de su familia, devuelven la esperanza en la especie humana.

Un perro callejero contento.

De todas formas, no podemos olvidar que Beirut sigue destruida. Muchas personas han sido desplazadas hacia las montañas u otras ciudades para comenzar de nuevo. La red sanitaria aún no está al 100 % tras la guerra y, a pesar de todo, los habitantes se siguen ayudando entre ellos.