El fascinante mundo de las arañas de mar

24 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bioquímica Luz Eduviges Thomas-Romero
¿Puedes imaginar una araña más grande que una silla plegable? Pues existen, se trata de varias especies de arañas de mar, muy poco estudiadas, que viven en aguas polares.
 

Las arañas de mar constituyen la clase de los picnogónidos y se asemejan vagamente a las arañas, aunque de hecho su clasificación es enigmática. Según zoólogos, este grupo de más de 1 300 especies marinas puede representar una ramificación muy temprana del linaje quelicerado.

Así, los picnogónidos se definen como invertebrados marinos errantes, casi exclusivamente de vida libre, aunque se han descrito algunas especies parásitas, como Nymphonella tapetis, que vive en bivalvos.

Es importante acotar que se encuentran en todos los océanos alrededor del mundo, desde los polos hasta los trópicos y desde la zona litoral hasta el mar más profundo. En cuanto a su tamaño, puede variar desde unos pocos milímetros en especies litorales hasta especies con patas de 75 centímetros en aguas profundas.

Las arañas de mar son antiguas pobladoras del planeta

Hasta ahora, se han descrito unas pocas especies fósiles que sugieren que este linaje ha poblado el planeta desde hace más de 400 millones de años. Su éxito como grupo puede atribuirse en gran medida a su simplicidad morfológica. Por ejemplo, la ausencia de órganos dedicados a la respiración, la digestión o la circulación.

Principalmente, la mayor parte de su masa corporal está en sus patas largas. Destaca el hecho que estas criaturas no poseen una verdadera cabeza, aunque expertos han determinado que tienen una clara concentración de órganos sensoriales hacia el frente de su cuerpo.

Una araña de mar caminando sobre el coral.
 

¿En qué estriba su peculiaridad?

Primordialmente, son seres rudimentarios que se caracterizan por una reducción extrema del cuerpo. Comparativamente, poseen unas muy largas patas que albergan las glándulas sexuales y los divertículos del intestino. También tienen un par secundario de patas para transportar los huevos, que están presentes en todos los machos, pero ausentes en las hembras de algunos géneros.

Generalmente, poseen 8 patas, pero en ocasiones pueden ser 10 o 12. Dependiendo de la especie, puede haber un par de apéndices de quelatos (queliformes) y apéndices de función sensorial.

La presencia o ausencia de estos apéndices accesorios constituye la base de la clasificación dentro de cada grupo de arañas de mar. Además, tienen un sistema nervioso simple de ganglios ventrales y un sistema circulatorio rudimentario.

Un cuerpo sin cabeza

A diferencia de otros arácnidos, las arañas de mar no poseen cefalotorax, pues su forma corporal clásica involucra un cefalón, que es un apéndice primitivo. Este lleva un tubérculo ocular con cuatro ojos. Existen variaciones anatómicas sobre este tema que incluyen atrofia o pérdida de ojos e incluso del tubérculo ocular.

Si las arañas de mar no tienen órganos, ¿cómo realizan sus funciones vitales?

Las arañas de mar no tienen agallas ni órganos para respirar, pues la «respiración» se realiza por difusión en sus patas. Un estudio reciente en arañas gigantes de aguas polares determinó que el  oxígeno del agua se absorbe a través de la cutícula que conforma su exoesqueleto. Así, estas criaturas respiran a través de agujeros o poros microscópicos que se hacen más grandes a medida que el animal crece.

 

Es interesante conocer que tampoco poseen un tracto digestivo. De hecho, los alimentos que toman se descomponen dentro de las células (digestión intracelular) y allí mismo se extraen los nutrientes.

Las arañas de mar poseen una boca, una abertura triangular al final de un elaborado apéndice de succión o trompa. Para alimentarse, insertan  ese largo apéndice llamado probóscide en su presa y a través de ella van absorbiendo una «dieta líquida».

Por esta razón, su alimentación consiste en animales de cuerpo blando como hidras, anémonas de mar y otros briozoos. Las características de esta trompa varían en tamaño y forma entre las más de mil especies descritas.

Por otro lado, su «sangre» o hemolinfa no contiene ningún pigmento respiratorio especializado. El oxígeno obtenido por difusión, se transporta por todo el cuerpo por dos mecanismos. El primero por el bombeo de un corazón dorsal ubicado en el tronco, el segundo por contracciones peristálticas del intestino, que se extiende hasta las patas.

¿Cómo seres tan simples han podido plagar todos los mares del planeta?

Se ha observado que las arañas del mar «nadan» al ritmo de las corrientes oceánicas. Algunas especies son conocidas por excavar en la arena. Existe registro que las arañas marinas caminan sobre el fondo del océano sobre sus delgadas patas. También se conoce que pueden viajar grandes distancias prendidas de animales más grandes como una medusa.

Algunas arañas de mar viven en los fondos marinos.
 

En la adaptación está la clave

En resumen, la amplia expansión de estas criaturas en el planeta nos indica que han logrado un importante éxito en la adaptación a diversos nichos ecológicos. A pesar de que han sido poco estudiados, podemos apreciar que un factor clave en este éxito es su plasticidad morfológica.

Esto es, la capacidad de cambiar el tamaño de su cuerpo y la cantidad de sus apéndices. Sin duda, esta característica ha permitido a las arañas de mar adaptarse a una amplia gama de sustratos y fuentes de alimentos.

 
  • Myers, P. (2001). "Pycnogonida" (On-line), Animal Diversity Web. Accessed June 07, 2020 at https://animaldiversity.org/accounts/Pycnogonida/
  • Bamber, R.N.; El Nagar, A.; Arango, C.P. (Eds) (2020). Pycnobase: World Pycnogonida Database. Accessed at http://www.marinespecies.org/pycnobase on 2020-06-07. doi:10.14284/360
  • Dunlop, J. A., & Arango, C. P. (2005). Pycnogonid affinities: a review. Journal of zoological systematics and evolutionary research, 43(1), 8-21. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1439-0469.2004.00284.x
  • Staples, D. (2017) Pycnogonida in Museums Victoria Collections https://collections.museumsvictoria.com.au/species/15895 Accessed 08 June 2020
  • Shishido, C. M., Woods, H. A., Lane, S. J., Toh, M. W. A., Tobalske, B. W., & Moran, A. L. (2019). Polar gigantism and the oxygen–temperature hypothesis: a test of upper thermal limits to body size in Antarctic pycnogonids. Proceedings of the Royal Society B286(1900), 20190124.