Los ciclos de vida más cortos y largos del reino animal

25 Febrero, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bióloga Paloma de los Milagros
Algunos animales no alcanzan las 24 horas, mientras que otras especies superan el milenio

Los ciclos de vida del reino animal tienen una duración tan diversa como especies existentes, puesto que el principal condicionante es genético. A continuación, te damos una serie de ejemplos representativos sobre ello.

Animales con los ciclos de vida más cortos

  • Efímeras: insectos pertenecientes al orden de los efemerópteros, en el que también se incluyen las libélulas y los caballitos del diablo, se caracterizan por vivir menos de 24 horas en su fase adulta. A pesar de dicha brevedad, experimentan grandes cambios morfológicos y fisiológicos repartidos en tres etapas: ninfa, forma acuática, subimago, forma terrestre e imago, adulto sexualmente maduro cuya vida útil puede llegar incluso a los cinco minutos como ocurre con Dolania americana.

 

  • Gastrotricos: invertebrados microscópicos que viven en ambientes marinos intersticiales. Presentan un fugaz desarrollo por el que alcanzan la madurez sexual al tercer día y mueren poco después.

 

  • Hormigas drone: son los ejemplares masculinos de una colonia de hormigas cuya esperanza de vida apenas llega a las tres semanas. Su única función se limita a reproducirse con la hormiga reina que, debido a su importancia en cuanto a la supervivencia del grupo, suele alcanzar la treintena.

 

  • Moscas: insectos voladores perteneciente al orden de los dípteros. Sus ciclos de vida fluctúan entre 15 y 30 días, tiempo en el que experimentan cuatro etapas morfológicas distintas: huevo, larva, pupa e imago, fase adulta y sexualmente madura en la que pueden poner hasta 1 000 huevos.
Mosca: ciclo de vida

Animales con los ciclos de vida más largos

  • Medusas inmortales: denominadas científicamente como Turritopsis nutricula, son un tipo de hidromedusas capaces de revertir su ciclo de vida de forma indefinida. Ante situaciones de amenaza, estos organismos cuentan con unas células especiales totipotenciales, distintas de las células madre, con capacidad de originar células diferentes a las que les corresponderían genéticamente.

 

  • Poríferos o esponjas de mar: a pesar de que sus ciclos de vida varían en función de la especie, normalmente se caracterizan por su larga duración, y es que alcanzan incluso los 1 500 años, como ocurre con algunos ejemplares de la Antártida.

 

  • Almejas oceánicas: moluscos marinos endémicos del Atlántico Norte con una longevidad capaz de superar los cinco siglos. Para datarlas, suelen contarse los círculos que aparecen en su concha a modo de ‘registro biográfico’.

 

  • Ballenas de Groenlandia o ballenas del Ártico: son los mamíferos más longevos del planeta, además de unos de los más grandes, pues pueden alcanzar los 18 metros longitud y las 1 000 toneladas de peso.

 

  • Tortugas gigantes de Galápagos: este reptil es el animal terrestre con mayor esperanza de vida, ya que llega a una media de 150 años. Sin embargo, algunos individuos han superado con creces dicho cifra, como ocurrió con la tortuga apodada Adwaita que alcanzó los 250 años.
Ciclo de vida de las tortugas Galápagos

Algunas consideraciones a tener en cuenta

La longevidad de los seres vivos es resultado de un compendio de factores de los que la genética, tanto a nivel de especie como del propio organismo, es clave. Algunos de los condicionantes que más influyen en la duración de la vida son:

Las circunstancias individuales a las que se expone el animal. La disponibilidad de recursos alimenticios y la presencia de amenazas por parte de depredadores superiores son claves.

La alteración del nicho ecológico. Todos aquellos cambios, medioambientales o antrópicos, capaces de alterar el estado natural del hábitat de un individuo, suponen riesgos que pueden acortan o terminar con la vida del animal.

Condiciones naturales vcondiciones artificiales. En relación con los dos factores anteriores, normalmente los animales estudiados en condiciones artificiales alcanzan una mayor esperanza de vida que los que se encuentran en el medio natural, puesto que los factores bióticos y abióticos que los rodean propician su mayor estabilidad.