Medicina de urgencias en pequeños animales: atención primaria y secundaria

23 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González
Llevar a la mascota al veterinario no siempre es tarea fácil, menos aún cuando se trata de una urgencia, ya que la forma de actuar puede ser la diferencia entre la vida o la muerte.

Todas las etapas de la medicina de urgencias son importantes para el manejo exitoso del paciente crítico. Una vez resuelto el triaje y la evaluación inicial, los siguientes pasos son la atención primaria y secundaria.

Si el triaje permite clasificar al paciente siguiendo las prioridades clínicas, la evaluación inicial posibilita determinar con más detalle su estabilidad. Así, en la medicina de urgencias, se puede decidir cómo actuar ante cualquier problema inmediato que amenace la vida de la mascota.

Una vez cimentadas estas bases, ¿cuál es el procedimiento que se debe seguir? ¿Sabes en qué consisten las fases de atención primaria y secundaria en la clínica veterinaria de urgencias? Aquí te lo mostramos.

Medicina de urgencias en pequeños animales: atención primaria y secundaria

Durante la evaluación inicial se valoran el aparato respiratorio, el sistema cardiovascular, el sistema nervioso central y el aparato urinario. De esta manera, el veterinario puede clasificar al paciente como estable o inestable. A partir de ahí, se continúa el proceso de atención de urgencias.

Atención primaria en mascotas

En atención primaria se valoran prácticamente los mismos parámetros físicos que en la fase anterior, solo que de forma más exhaustiva. Te contamos los parámetros más importantes que se deben monitorizar.

Evaluación de la respiración

La evaluación del sistema respiratorio incluye asegurar el buen funcionamiento de las vías aéreas superiores, el color de la mucosa respiratoria y otros parámetros. En esta etapa, quizás lo más importante es evaluar la frecuencia, el ritmo y el esfuerzo respiratorio.

La tráquea y todas las áreas del tórax deben ser cuidadosamente auscultadas. También puede ser interesante realizar una oximetría de pulso —mediante una máquina que mide el oxígeno en sangre—.

La hipoxia puede dar lugar a problemas sistémicos, ya que impide la llegada de suficiente oxígeno a los tejidos. Por eso, en caso de hipoxia —falta de aire — se requiere una corrección inmediata.

Un perro veterinario.

Reconocimiento del correcto funcionamiento del sistema cardiovascular

La evaluación de la perfusión tisular en el animal incluye los siguientes procesos:

  • La evaluación del color de las mucosas.
  • El tiempo de relleno capilar —una prueba que evalúa la circulación y los niveles de deshidratación—.
  • La temperatura corporal.
  • La auscultación del corazón.
  • La palpación de la frecuencia, el ritmo y la calidad del pulso en la periferia —en venas de las extremidades, del cuello, la cabeza o la cola—.

Los signos de una mala perfusión tisular son los siguientes:

  • Mucosas pálidas o azuladas.
  • Un tiempo prolongado o demasiado rápido de relleno capilar.
  • Anomalías de la frecuencia o el ritmo cardíaco.

Cualquiera de estos signos justifica la necesidad de buscar, rápidamente, la causa subyacente y el tratamiento definitivo.

Evaluación del sistema nervioso central

Los cambios extremos en el comportamiento del animal tales como estupor, coma o incluso convulsiones, requieren una búsqueda rápida de la causa subyacente. Además, la mayoría de veces, la aplicación de un tratamiento rápidamente hará la diferencia entre la vida y la muerte del animal.

Hay muchas causas que provocan disfunción del sistema nervioso central, entre ellas los ataques epilépticos prolongados o la hipoglucemia. Pueden llegar a provocar daños irreversibles si no se tratan rápidamente, por lo que hay que identificar los síntomas de estas patologías con presteza.

Del mismo modo, el aumento de la presión intracraneal causa —entre otras cosas— estupor o coma. Este aumento se puede deber a numerosas etiologías, algunas convencionales como un golpe o un hematoma, y otras más graves que necesitarán un diagnóstico más extenso, como un tumor o una infección.

Atención secundaria o especializada en mascotas

Una vez completadas las fases de triaje y evaluación inicial —y superada la atención primaria— habrá que valorar la necesidad de continuar con la atención veterinaria. Así pues, una vez estabilizadas las condiciones que ponían en peligro de muerte inminente al animal, se puede proceder a la atención secundaria.

Esta fase ya incluye un examen completo y minucioso. En primer lugar, es necesaria la obtención del historial detallado de la mascota, hecho responsabilidad del propietario. Es recomendable, para cualquier dueño, llevar un registro de cualquier dato llamativo relacionado con la salud de su animal.

En segundo lugar, es esencial un examen físico completo, una evaluación de la respuesta a la terapia inicial y cualquier otro diagnóstico de hallazgos que se vayan descubriendo. En este punto puede ser recomendable recurrir al diagnóstico por imagen, a través de radiografías, ecografías o cualquier prueba laboratorial que resulte interesante.

Es durante esta fase cuando se puede hacer un plan diagnóstico y terapéutico completo y se puede formular una estimación del pronóstico y de los costes de la consulta.

Un perro acostado en una camilla.

La importancia de ir por etapas en la medicina de urgencias

En resumen, la atención primaria asegura la identificación y el tratamiento inmediato de las condiciones que amenazan la vida del animal. Esta fase también permite confirmar la identificación de pacientes no estables, así se les puede someter a una vigilancia adecuada y se previenen problemas posteriores.

Una vez superada la atención primaria, es tiempo de hacer pruebas más específicas. El paciente, en principio, ya no corre peligro inmediato, por lo que se pueden hacer pruebas que necesiten más tiempo y dedicación. Por tanto, la atención primaria y secundaria permiten resolver, finalmente, la urgencia sanitaria.

  • King L, Boag A. BSAVA manual of canine and feline emergency and critical care. 2nd ed.