Perfumería y explotación animal

24 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González
Quizás resulte más sencillo imaginarse un perfume hecho a base de flores, pero pese a lo que pueda parecer, algunas de las fragancias que se usan actualmente se consiguen gracias al uso de sustancias de origen animal.

Perfumería y explotación animal, ¿alguna vez imaginaste poder relacionar estos dos conceptos? No por todos es sabido que los animales han sido (y siguen siendo) utilizados en la industria cosmética.

Estos se utilizan no solo para testar la seguridad de los productos que luego se venden al consumidor, sino también para extraerles sustancias corporales que sirven como materia prima de dichos cosméticos.

La cultura del perfume es algo que está muy asentado en las sociedades modernas. Todo queremos oler bien y utilizar el “último grito” en colonias, pero ¿qué se esconde detrás de esta industria?

Perfumería y explotación animal

A continuación, hablaremos de algunas de las especies más utilizadas en la elaboración de perfumes a lo largo de la historia.

Logo que avisa que un producto no ha sido testado en animales.

Los ciervos almizcleros

Estos animales pertenecen al género Moschus, que a su vez integra a siete especies. Dichas especies se diferencian del resto de los cérvidos por poseer unas glándulas caudales portadoras del almizcle.

Esta sustancia se caracteriza por tener un fuerte olor, muy apreciado en la elaboración de perfumes. Para obtenerlo, es necesario matar al animal.

Este mismo olor “almizclero” se consigue extrayendo también secreciones de otras especies, tanto animales como vegetales. Por ejemplo, el mono, el buey almizclero o las semillas del hibisco.

Las civetas

Estos vivérridos africanos y asiáticos han sido criados durante años para conseguir la algalia. Esta sustancia, de olor almizclado, sale del saco perianal con el movimiento del animal, particularmente cuando se irrita. Dicha sustancia es tan útil porque tiene potentes propiedades fijadoras del olor.

Pocos animales de esta especie sobreviven en la naturaleza. La mayoría viven en cautividad, con el fin de obtener la algalia, esa preciada materia prima olorosa.

Los castores, víctimas de la relación entre perfumería y explotación animal

Estos simpáticos roedores acuáticos también son criados para obtener una sustancia de olor peculiar: el castóreo. Es una sustancia oleosa que el animal utiliza para acicalar su pelaje.

Al descubrir su capacidad de fijar y dotar de matices a las fragancias, se convirtió en una sustancia muy solicitada en perfumería. Lo cual, junto con el interés de la piel del castor en peletería, provocó la explotación intensiva de esta especie.

El castóreo (o castor oil) es quizá el más empleado de todos los productos animales en perfumería. Se dice que dota a la fragancia de una nota animal, próxima al cuero. Por eso los perfumistas lo utilizan en composiciones orientales o masculinas.

El cachalote

Este cetáceo produce una secreción cerosa en su intestino, conocida como ámbar gris, muy codiciada en perfumería. En vida, el cachalote expulsa el ámbar gris espontáneamente, y después de muerto, se puede extraer de su cadáver.

De acuerdo con Philip Hoare “el cachalote se traga vivos a los cefalópodos y en su interior, los picos del calamar, junto con otras sustancias no digeribles, y la bilis, generan una reacción química que produce el ámbar gris”.

Los perfumistas han utilizado el ámbar gris para fijar los perfumes volátiles durante años. Pero actualmente ha sido reemplazado, en gran medida, por compuestos sintéticos.

Un tema aún por resolver

La mayoría de la gente desconoce que los animales pueden ser explotados, o incluso sacrificados, para confeccionar su perfume preferido.

Es cierto que hoy en día se ha avanzado mucho y el uso de materias primas animales en esta industria está muy regulado. Se tiene muy en cuenta, por ejemplo, el estado de conservación de la especie, su calidad de vida en cautividad o la existencia de alternativas sintéticas.

Algunos de de estos animales son criados en condiciones deplorables, hacinados y expuestos a numerosas enfermedades. Además, el sistema de crianza es éticamente dudoso y la mortalidad de los ejemplares es muy alta.

Sabiendo esto, son muchas las firmas cosméticas que rechazan directamente el uso de animales. Ya no solo sus materias primas, sino como sujetos de experimentación animal.

Una rata de laboratorio.

En la actualidad, el uso de estas sustancias es reducido gracias a la normativa de protección animal. Pero pese a los esfuerzos, aún se sigue recurriendo a ellas en algunas ocasiones. Esto se debe a que al intentar conseguir estos compuestos de forma sintética, los resultados han sido muy pobres hasta el momento.

La ética y la moral son individuales, y por lo tanto, simplemente nos limitamos a exponer las realidades que se dan a día de hoy en algunos sectores de la industria. El querer rechazar ciertos productos de origen animal que son legales, depende completamente del juicio propio del consumidor.

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