El sapo dorado: una víctima del calentamiento global

15 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bioquímica Luz Eduviges Thomas-Romero
Desde la desaparición del sapo dorado en 1989, este se ha convertido en una especie emblemática de conservación, retratada con frecuencia como la primera extinción verificada atribuible al calentamiento global.
 

El sapo dorado, Incilius periglenes, es un ejemplo emblemático de los desafíos que nos presenta el cambio climático. En general, las poblaciones de ranas y sapos están disminuyendo en todo el mundo. Se estima que de las 6433 especies de anfibios descritas, cerca de 500 se consideran en peligro de extinción.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), 38 especies de anfibios han sido declaradas extintas. Específicamente, en Costa Rica, la magnitud de su disminución ha sido tan severa que dos especies endémicas fueron declaradas extintas. Ellas son el Sapo Dorado, I. periglenes, en 2002 (UICN 2003), e I. Holdridgei en 2007 (UICN 2008).

¿Por qué es icónica la desaparición del sapo dorado?

Es interesante conocer que a diferencia de la gran mayoría de las extinciones, la desaparición rápida y final del sapo dorado está muy bien documentada. Según registros, se observaron más de 1 500 sapos en el año 1987, poco después, entre 1988 y 1989, solo se detectó un solo sapo en el principal sitio de reproducción conocido.

Además, en un lugar situado a 4 – 5 kilómetros de distancia, también en 1988, se observaron siete machos y dos hembras adultas. Un año después, se encontró un solo macho, el último registro de la especie. No se han reportado avistamientos verificados desde entonces.

El cambio climático causa extinciones.
 

Reseña de los esfuerzos de conservación del sapo dorado

El sapo dorado se descubrió en el bosque nuboso de la región de Monteverde de Costa Rica en el 1964. Desde ese momento, la especie mostró dos características que representaban el mayor escoyo en su conservación: un pequeño tamaño de la población y una distribución geográfica extremadamente localizada.

Posteriormente, en 1972, se estableció una pequeña reserva de menos de cuatro kilómetros cuadrados que abarcaba a toda la población de sapo dorado conocida. Más tarde, la reserva se amplió para abarcar alrededor de 105 kilómetros cuadrados. Finalmente, en 1989 la especie fue catalogada como extinta.

Causas posibles de la desaparición del sapo dorado

En 1999, fue publicado un artículo científico de alto perfil colocando al cambio climático como causa probable de la disminución o desaparición de una serie de especies de aves, reptiles y anfibios en el área, citando al sapo dorado como un ejemplo específico.

Posteriormente, se han proporcionado análisis adicionales de tendencias climáticas y argumentos más refinados. El de mayor acogida ha sido que la extinción del sapo dorado puede estar asociada al hongo patógeno Batrachochytrium dendrobatidis.

Es interesante conocer que este es un hongo quitridio sensible a la temperatura, que actualmente amenaza la población mundial de anfibios. La infección por este patógeno causa la enfermedad denominada quitridiomicosis, mediante un ataque de la piel de los anfibios y un consiguiente daño a la capa de queratina.

 

La quitridiomicosis ha surgido desde la década de los ochenta, y se presume asociada al calentamiento global. Esto se debe tanto a un aumento general de las temperaturas que permite una mejor supervivencia del patógeno, como a una sociedad globalizada en la que se trafica con especies de forma usual.

Adicionalmente, se sugirieron varias hipótesis, como la radiación ultravioleta, los pesticidas, la introducción de especies exóticas, tóxicos y deforestación. Por supuesto, estas amenazas no son mutuamente excluyentes.

Las desapariciones del sapo dorado y otros anfibios han sido atribuidas a diferentes causas, incluidas la pérdida de hábitat y enfermedades emergentes asociadas al cambio climático, como la quitridiomicosis.

Sapo dorado reproduciéndose.

Factores que jugaron en contra de la supervivencia de esta especie

Sin duda, existen varios factores que atentaron contra la supervivencia del sapo dorado:

  • El rango geográfico tan reducido que poseía en el bosque nuboso Monteverde, una reserva privada ubicada en Costa Rica.
  • La visibilidad de su piel dorada que favorecía el reconocimiento visual en la época de apareamiento, también le hacía blanco fácil de depredadores.
 
  • El reconocimiento vocal de esta especie era inusualmente débil: la frecuencia y la duración de estas llamadas solo se podían escuchar en unos pocos metros. Las llamadas ni siquiera podían escucharse en días lluviosos.

Una reflexión necesaria

A pesar de las características naturales que tenía la propia especie en su contra en lo que a supervivencia se refiere, no podemos negar que la acción humana, como mínimo, propulsó su extinción.

Tanto este pequeño anfibio como otras muchas especies, sufren día a día los efectos del tráfico ilegal, deforestación, vertidos tóxicos y un sinfín de acciones que degradan sus ecosistemas. Una cosa es clara: si queremos preservar la biodiversidad del planeta, tenemos que cambiar de hábitos como especie.

 
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