¿Son los animales capaces de engañar?

06 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bióloga Silvia Conde
El engaño es un tipo de comunicación presente en el reino animal, pero no siempre funciona.

El engaño no es solo una cualidad humana, pues se trata de un tipo de comunicación que también está presente en la naturaleza. Los animales son capaces de engañar porque, simplemente, este tipo de estrategia resulta adaptativa en su medio.

Para entender esto no podemos personificar a los animales, ni atribuirles características humanas o confundir el engaño con términos negativos como la maldad o la falsedad. Los animales engañan porque pueden obtener beneficios a corto plazo en unas condiciones puntuales, ni más ni menos.

La comunicación en el reino animal

La comunicación es muy importante en el reino animal, ya que para sobrevivir en la naturaleza es necesario reconocer y entender las señales químicas o físicas de un individuo a otro.

Además, gracias a ella es posible encontrar pareja, establecer un territorio y las relaciones sociales de un grupo, pedir ayuda, dar señales de alarma o encontrar comida.

La mayoría de los animales, cuando señalizan algo, quieren alterar el patrón de comportamiento del individuo receptor. Según quién obtenga beneficios de esta comunicación existen varios tipos diferentes:

  • Engaño: el emisor de la señal engañosa obtiene beneficios, pero es negativo para el receptor. Es común entre especies diferentes, aunque puede darse entre individuos del mismo taxón. Muchos animales son capaces de engañar.
  • Persuasión: el emisor se beneficia del engaño pero sin perjudicar al receptor de la señal.
  • Espionaje: en el espionaje un tercer «oyente» se beneficia de la comunicación entre emisor y receptor. Una señal de alerta de un animal a su grupo escuchada por un depredador es un buen ejemplo de espionaje.
  • Explotación: cuando el espionaje tiene efectos negativos para el emisor se considera explotación. En este caso el depredador capturaría al animal emisor.
  • Comunicación verdadera: emisor y receptor se benefician de la comunicación. Es útil entre los miembros de una misma especie para buscar recursos, cuantificar las aptitudes genéticas de un macho o para reconocerse entre especies diferentes de un mismo género.
Un pez siendo engañoso.

¿Los animales pueden engañar?

Descubrir a los «individuos mentirosos» en un grupo de animales de la misma especie puede traer consecuencias muy negativas para ellos, por lo que no es una estrategia evolutivamente estable a largo plazo. Sin embargo, existen situaciones en las que las señales engañosas pueden evolucionar:

  • Cuando el emisor y el receptor no comparten un mismo objetivo. Por ejemplo, la carrera de armamentos entre el depredador y la presa. La evolución selecciona aquellas adaptaciones que mejoran la caza y la huida de ambos roles.
  • Cuando la honestidad de la señal es costosa de evaluar o en general suele ser verdadera. El engaño solo se mantiene en una población cuando la mayoría dicen la verdad.

A continuación, te presentamos algunos ejemplos de engaño en el reino animal.

Cómo cortejar delante de otro rival

Los ejemplares machos de Sepia plangon engañan a sus rivales haciéndose pasar por hembras. Cuando un macho nada entre otro macho y una hembra, este emite señales diferentes para cada receptor.

Por el lado más cercano a la hembra emite las señales típicas de un macho durante el cortejo, mientras que por el lado del otro macho utiliza las señales de una hembra. De esta forma, la sepia pasa desapercibida para el competidor masculino y consigue atraer la atención de una posible pareja.

Las arañas que atraen polillas

Las arañas boleadoras fabrican un hilo de seda del que cuelga una gota que agitan rápidamente, como si fuera una honda, para atraer y capturar a sus presas.

Esta gota contiene sustancias que imitan a las feromonas de las polillas y atraen a los machos. Las mariposas nocturnas se acercan a ella y acaban siendo presa de la araña, que las caza con un rápido movimiento.

Los monos que no quieren compartir

Las falsas alarmas son típicas en varias especies de monos, como es el caso de los capuchinos o monos vervet. Este comportamiento se ha observado dentro de un grupo ante situaciones competitivas, como la búsqueda de alimentos o parejas reproductoras.

Los monos dan falsas llamadas de alarma que indican la presencia de depredadores para ahuyentar a los compañeros y poder así quedarse a solas con el recurso de interés.

Esta táctica suele funcionar porque la mayoría de veces las alarmas son verdaderas. Los capuchinos no practican el engaño de forma frecuente, pues normalmente tienen que darse una serie de condiciones:

  • Las falsas alarmas son dadas por subordinados más que por dominantes.
  • Estas son más frecuentes cuando hay menos comida disponible.
  • Se producen cuando el individuo mentiroso se encuentra en una posición en la que podría aumentar su éxito de alimentación si sus congéneres reaccionan a la llamada.

Sin embargo, como suele ocurrir siempre, el engaño tiene un coste. Un individuo «pillado in fraganti» puede ser castigado por el resto del grupo durante un tiempo por su acción. Algunos animales son capaces de engañar, pero no siempre les sale a cuenta.

Dos monos riéndose sentados.

En conclusión, podemos afirmar que engañar no funcionaría dentro de un grupo en el que sus miembros siempre mienten, por lo que se mantiene como estrategia en el reino animal en ciertas condiciones y cuando la mayoría de las veces los individuos son honestos.

  • Goodenough, J., McGuire, B., & Jakob, E. Perspective on Animal Behaivor, 3rd edition. Ed. Wiley, 2010. Capítulo 16 y 17.
  • Dugatkin, L.A. (2013) Principles of Animal Behavior (3rd edition) Ed. W. W. Norton & Company. Cap. 13.
  • Investigación y ciencia. Los animales también mienten, 2019.
  • Wheeler B. C. (2009). Monkeys crying wolf? Tufted capuchin monkeys use anti-predator calls to usurp resources from conspecifics. Proceedings. Biological sciences276(1669), 3013–3018.
  • Costs of deception: cheaters are punished in rhesus monkeys (Macaca mulatta) M D Hauser.