Teniasis canina: una aproximación clínica

23 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el veterinario Juan Pedro Vazquez Espeso
Entre los parásitos que más frecuentemente afectan a los perros, sin duda encontramos a la tenia. A continuación, vamos a hablar sobre la teniasis canina.

Estos días, cuando las enfermedades zoonóticas están tan de moda debido al presunto origen animal de la COVID-19, no podemos olvidar las demás, ya sobradamente conocidas. En este sentido, entre las enfermedades parasitarias animales con potencial de infectar al hombre, encontramos la teniasis canina. En las siguientes lineas, vamos a realizar una aproximación clínica a dicha enfermedad.

La teniasis canina

La teniasis canina es una enfermedad parasitaria causada por gusanos planos denominados comúnmente tenias. Dentro de las tenias que pueden afectar a los perros, encontramos varias especies, como la Taenia serialis, Taenis multiceps, Echinococcus granulosus Cada uno de estos parásitos cuenta con su ciclo biológico particular, su morfología y su mecanismo de infección.

No obstante, por su interés, su alta prevalencia, y su relevancia clínica con carácter zoonótico, nos vamos a centrar en la única especie mencionada anteriormente que no tiene nombre de tenia, el Echinococcus granulosus.

Quiste de tenia canina en hígado.
Quiste de tenia canina en el hígado visto al microscopio.

El Echinococcus granulosus

Se trata de un parásito intestinal de perros, coyotes, zorros y otros animales. Es relativamente pequeño, con 5 mm de largo, nada que ver con la tenia que seguro que muchos de nuestros lectores se están imaginando, blanca y larga como un día sin chocolate ( así son otras, la Taenia saginata, por ejemplo, para los curiosos).

El Echinococcus granulosus está dividido generalmente en cuatro partes. El primer segmento, que es la cabeza, o correctamente denominado escólex, sirve fundamentalmente como elemento de anclaje a las paredes intestinales del perro mediante ganchos. El resto del animal, las 3/4 partes restantes, están compuestas por los proglótidos, donde se alojan los huevos, órganos sexuales y otro tipo de orgánulos.

Ciclo biológico

Comenzando el ciclo desde un perro infectado, todo el proceso se origina con la eliminación de los huevos maduros alojados en el proglótido. Estos huevos son expulsados con las heces, y contaminan la hierba, las aguas u otros alimentos, donde son ingeridos por otros animales, los denominados hospedadores intermedios. Estos pueden ser ovejas, cabras, vacas, cerdos y también el hombre.

En estos animales, los huevos del parásito se rompen en el intestino, donde los embriones son liberados y pasan al torrente sanguíneo. Desde aquí migran al hígado, pulmón u otras vísceras, donde crecen en forma de vesícula. Esta forma es el tan conocido quiste hidatídico, sobre el que tanto os habla vuestro veterinario mientras os subraya la importancia de desparasitar a las mascotas.

Este parásito, si ha infectado a un humano, también forma vesículas en distintas ubicaciones corporales. Para la calma de nuestros lectores, es necesario comentar que muchas de estas infecciones son asintomáticas, y en ocasiones resultan ser hallazgos casuales tras la realización de alguna prueba de diagnóstico por imagen, como ecografías.

No obstante, eso no es excusa para bajar la guardia en la desparasitación de las mascotas. Aunque en ocasiones sean benignas, también pueden suponer un importante problema de salud para el ser humano.

Con estas vesículas llenas de Echinococcus granulosus en estadios iniciales, el ciclo se completa tras la ingestión de carne contaminada de ellas por parte del perro, en el cual el parásito alcanza su madurez sexual.

La teniasis canina es una de las múltiples patologías causadas por parásitos.

Relevancia clínica

Entender el ciclo biológico del parásito es fundamental para comprender su forma de distribución. En España, el Echinococcus granulosus se encuentra ampliamente distribuido.

Es cierto que no suele causar demasiados problemas clínicos sobre el perro, ya que la mayoría de las infecciones suelen ser asintomáticas, o con pequeños episodios de diarrea o adelgazamiento en parasitosis masivas. En este sentido, el tutor del animal suele darse cuenta de que existe una infección activa cuando ve ‘granos de arroz blanco que se mueven’ en las heces o cuartos traseros del animal. Estos corresponden a los proglótidos del parásito, antes mencionados.

No obstante, debido a su potencial zoonótico, conviene extremar las precauciones y desparasitar correctamente a los perros. Además, hay que procurar no darles de comer carne o vísceras crudas, y evitar que ingieran restos de animales muertos, siempre que sea posible.

Aunque las infecciones en el hombre puedan ser asintomáticas, en ocasiones producen problemas derivados de la presión que ejerce el quiste al crecer, o bien de la pérdida de función del órgano parasitado. 

En conclusión, aunque no sea una enfermedad grave sobre los perros, puede repercutir negativamente en la salud de las personas, por lo que conviene extremar las precauciones para evitar infecciones.