Tres enfermedades reproductivas que puede sufrir un perro

05 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González
El aparato reproductor es protagonista de muchas de las consultas en clínica veterinaria de perros y gatos. En este artículo te mostramos tres afecciones por las que tu perro podría tener que acudir a revisión.
 

Los machos de perro doméstico pueden sufrir numerosas afecciones reproductivas, pero quizás las subestimamos más a menudo porque las enfermedades de las hembras parecen más aparatosas.

Esta creencia es hasta cierto punto comprensible, pues las hembras tienen una “maquinaria” a priori más compleja. Aún así, a la hora de sufrir enfermedades, el macho no se queda atrás. Aquí te mostramos las tres patologías reproductivas más comunes que puede sufrir un perro macho.

1. La temida parafimosis

La parafimosis se refiere a cuando el pene es incapaz de volver a su lugar habitual, en el interior del prepucio. Las causas son variadas, pero destacan las siguientes:

  • El orificio prepucial muy pequeño (o el prepucio muy corto), generalmente por defectos de nacimiento.
  • Piel o pelo que obstaculizan la regresión del prepucio a su sitio natural.
  • El caso más raro: la afección neurológica que impide la retracción del pene.

El problema es que esta patología, si no se resuelve con rapidez, puede convertirse en una emergencia. El prepucio comprime de tal manera al glande que impide el retorno venoso. Esto desencadena un edema e inflamación del mismo, dejando expuesta una mucosa muy sensible, proclive a ulcerarse y necrosarse.

Un perro mirando a su dueño.
 

En qué debemos fijarnos para sospechar de esta patología y cómo habrá que tratarla

Lo más evidente será la visualización del pene siempre fuera del prepucio, enrojecido e inflamado, además de la clara incomodidad del animal, el lamido excesivo y los signos de dolor en la zona. En ocasiones se puede llegar a autolesionar e, incluso, automutilarse.

Para bajar la inflamación puede ser suficiente con aplicar hielo en la zona y lubricante para permitir la retracción del pene. En la mayoría de los casos, el animal se resistirá a esta manipulación y podrá ser necesaria una leve sedación.

Esto puede ser una ventaja, pues la sedación produce una vasoconstricción generalizada, lo que ayuda a la desinflamación.

Si la causa subyacente es un defecto congénito del prepucio, quizás haya que recurrir a la cirugía para agrandar el orificio. Si el órgano estuviese ya necrótico, la única opción sería la amputación.

2. La torsión testicular

La rotación de uno de los testículos sobre su eje vertical (es decir, sobre el cordón espermático) es bastante grave y puede producirse por varias causas que concluyan con la ruptura del ligamento escrotal. Las consecuencias incluirán:

  • La oclusión de los vasos sanguíneos que irrigan dicho testículo, lo que provoca primero su hinchazón y después su necrosis.
  • La oclusión del conducto deferente.
  • El daño de los nervios que inervan el testículo.

Existe una patología en la que la torsión testicular es bastante frecuente. Se trata de los testículos intraabdominales neoplásicos. Al aumentar mucho de tamaño, traccionan sobre el ligamento y lo acaban rompiendo.

 

¿Cómo se confirma el diagnóstico? ¿Será necesario operar?

Se puede sospechar de torsión testicular ante un animal dolorido y con el escroto inflamado. De hecho, el perro puede incluso negarse a caminar o autolesionarse la zona.

Como es evidente, estos síntomas solo serán útiles si el testículo está en su sitio; es decir, si no hay criptorquidia. En las torsiones de testículos intraabdominales suele haber un empeoramiento mayor del estado general del perro y se puede llegar a palpar una masa firme dentro del abdomen caudal.

En cualquier caso, la torsión de un testículo necesitará de una corrección quirúrgica, pero puede ser necesario estabilizar previamente al paciente si su circulación se ha visto comprometida mucho tiempo.

3. La prostatitis bacteriana

La próstata es una glándula sexual accesoria que los perros tienen en la parte posterior de la vejiga, rodeando la uretra. En ocasiones, esta glándula se ve invadida por bacterias como Escherichia coli, Staphylococcus spp. o Streptococcus spp.

La causa habitual es la presencia de otras patologías subyacentes, como la hiperplasia prostática o la metaplasia escamosa. Es probable que estas enfermedades aumenten el número de bacterias dentro de la uretra prostática, de ahí la infección.

Diagnóstico

A nivel sintomatológico, los perros mostrarán signos compatibles con cualquier otra infección, como fiebre, vómitos o dolor abdominal. Si que es cierto que a veces aparecen signos locales (como el pus en el orificio uretral) que nos pueden dar alguna pista. Pero la confirmación será:

 
  • Por palpación rectal, donde se apreciará la glándula dolorosa y de contorno irregular.
  • Mediante análisis de sangre, donde habrá signos inequívocos de infección.
  • Con un cultivo de orina, incluso, o una citología del eyaculado.
Foto de cerca de unos antibióticos.

¿Qué opciones terapéuticas tenemos?

Será necesario un tratamiento antimicrobiano bastante largo. Al menos hasta que no se encuentren bacterias en el líquido prostático. Solo así evitaremos que la enfermedad cronifique. Porque en caso de que sí lo haga, será necesario operar.

Puede ser útil la administración de hormonas para reducir el tamaño de la próstata. ¡Pero cuidado! La administración continuada de estrógenos puede producir una metaplasia prostática. Y como veíamos antes, esto predispone a una nueva prostatitis.

 
  • King L, Boag A. BSAVA manual of canine and feline emergency and critical care. 2nd ed.