Afrontar la pérdida de una mascota: ¿qué dice la ciencia?

30 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el biólogo Samuel Sanchez
La pérdida de una mascota es un proceso caracterizado por un intenso duelo que puede durar varias semanas. Aquí te mostramos algunas respuestas generales en la población ante la muerte de un animal.
 

Como ya sabremos todos los tutores de cualquier tipo de animal, la pérdida de una mascota es un proceso de duelo muy delicado, en muchos casos equiparable a la muerte de un familiar o conocido. Al fin y al cabo, los compañeros caninos, felinos u otros nos han visto crecer, desarrollarnos y han estado con nosotros en los mejores momentos y en los más tristes.

Aún así, existen ramas de la ciencia que tratan de entender nuestra respuesta a la pérdida de una mascota más allá del terreno meramente especulativo. Aquí te traemos un estudio que trata de describir el cómo entendemos este proceso como humanos.

La respuesta emocional

La mitad de los hogares en Estados Unidos tienen una mascota, y en la mayoría de los casos, tanto adultos como niños la consideran un miembro más de la familia. Los animales generan respuestas increíblemente beneficiosas en el ser humano, pues estudios demuestran que reducen la presión cardiovascular, disminuyen los niveles de estrés y promueven hábitos saludables como el ejercicio físico rutinario.

En este punto, es necesario remarcar que cada ser humano percibe la pérdida de un ser querido de una forma diferente, y cada una de ellas es igual de válida. A nivel general, diversas revisiones bibliográficas reportan los siguientes síntomas entre tutores que han perdido a su mascota de forma reciente:

  • Modificación de los patrones sociales normales.
  • Dificultad para conciliar el sueño.
  • Dificultad para comer.
  • Pensamientos recurrentes sobre la mascota perdida.
 
  • Pedir excedencias en el trabajo.

Vamos más allá, pues según análisis estadísticos, el 93 % de las personas que requirieron de intervención social tras el fallecimiento de una mascota presentaron alteraciones en los ritmos alimenticios y del sueño. De todas ellas, el 70 % también presentaron episodios de aislamiento social y necesidad de estar solas.

Está claro que estas respuestas no son aplicables a todos los tutores, pues el nivel de duelo depende de factores tales como el nivel de apego, la fortaleza del mismo y la razón por la que se ha establecido.

Un perro triste en un cementerio.

Un enfoque estadístico

Un estudio publicado en la revista Antrhozoos journal trata de esclarecer de forma un poco más exacta la respuesta de los tutores ante la pérdida de una mascota. Para ello, se monitorizaron a 49 personas que habían sufrido la muerte de un animal en su entorno doméstico durante tres semanas. Las variables emocionales se recogieron mediante cuestionarios meticulosamente diseñados. 

Algunos de los resultados observados fueron los siguientes:

  • Tras las primeras semanas de la pérdida, los tutores mostraron variables emocionales (tristeza y culpa, entre otras) muy similares a las experimentadas por personas que habían perdido a un ser querido.
 
  • Cuanto más grande era el entorno familiar directo, menos era el dolor experimentado por el tutor.
  • Más de la mitad de los tutores monitorizados decidieron adquirir una nueva mascota tras seis meses de duelo.
  • En estos casos, los síntomas emocionales disminuyeron más rápidamente en los tutores con un nuevo compañero animal que en los que decidieron no adoptar a ninguno más.
  • Un tercio de las personas conocían que la muerte del animal era inminente, pero esto no hizo más fácil el proceso de duelo.

Estos datos pueden parecer sorprendentes ante cualquier persona que nunca ha convivido con una mascota durante largos periodos de tiempo, pero seguramente no les resulten ajenos a ningún tutor experimentado. Al fin y al cabo, las mascotas son, en algunos casos, los únicos elementos vivos en la rutina de muchos humanos.

Un ejercicio de compromiso

Tras interiorizar los datos expuestos, es posible que ciertas personas lleguen a la conclusión de que no merece la pena integrar una mascota en la familia si el dolor que se siente al perderla es tan agudo e intenso. A ellas les preguntamos, ¿es mejor llorar sabiendo ha sucedido, o lamentarse de que nunca haya pasado?

La conexión que puede llegar a sentir un tutor con su mascota es única e irreemplazable. Además, como ya hemos dicho, la presencia de un animal en el núcleo familiar reporta diversos beneficios para todos los integrantes, desde el respeto y el entendimiento por la naturaleza hasta la mejoría de variables fisiológicas corporales.

 
Una familia con un perro.

Para finalizar, queremos recordar a todos los tutores que el proceso de duelo es una parte más de la vida, al igual que la muerte en sí misma. El llanto, el desasosiego y el malestar son normales, pero poco a poco, ese dolor se acaba disipando y da lugar al recuerdo.

Al final, esa mascota que un día correteó por el hogar siempre formará una parte importante de nuestra mente y corazón, y por lo tanto, nunca desaparecerá del todo.

 
  • Kingwell, B. A., Lomdahl, A., & Anderson, W. P. (2001). Presence of a pet dog and human cardiovascular responses to mild mental stress. Clinical Autonomic Research11(5), 313-317.
  • Gerwolls, M. K., & Labott, S. M. (1994). Adjustment to the death of a companion animal. Anthrozoös7(3), 172-187.