Elefantes enfermos: un enorme desafío

18 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González
Estamos acostumbrados a tratar con humanos, a quienes preguntamos ¿qué te duele? y nos contestan con facilidad. Pero ¿cómo cuantificar el bienestar en animales salvajes?

Si habitualmente un veterinario se enfrenta a dificultades para diagnosticar a un animal doméstico enfermo, imaginaos en casos que involucran a mamíferos gigantes silvestres.

Diagnosticar animales salvajes es una tarea compleja, dado que no disponemos de toda la bibliografía que nos gustaría. Además, hay que añadirle la dificultad de tratar con elefantes enfermos, mamíferos de gran tamaño y con mucho temperamento.

La ayuda de los operarios que cuidan habitualmente de los animales en un zoológico es inestimable a la hora de detectar una enfermedad. Por eso, siempre se les recomienda estar muy atentos y dejar cualquier hallazgo, por insignificante que parezca, por escrito.

Elefantes enfermos: un enorme desafío

A continuación, te mostramos la serie de pasos necesarios para diagnosticar a un elefante y evaluar su estado de salud.

1. Preparar la evaluación del paciente

Aunque existen algunas limitaciones, el enfoque de la evaluación es el mismo para los elefantes que para otros grandes mamíferos. Los pasos básicos son:
  1. Realizar una historia clínica completa.
  2. Identificar la molestia.
  3. Realizar un examen físico completo.
  4. Establecer una lista ordenada de diagnósticos posibles.
  5. Realizar pruebas complementarias y evaluar los resultados para establecer un diagnóstico y un tratamiento.

Un conocimiento básico de la edad, el sexo y las variables geográficas o ambientales asociadas a problemas específicos puede ayudar al diagnóstico. Algunos ejemplos de esto pueden ser:

  • La artritis degenerativa es muy común en los elefantes de zoológico de mayor edad.
  • Hasta la fecha, el virus de la viruela del elefante ha sido diagnosticado en Europa pero no en América del Norte.
Un ejemplo de instinto maternal en la naturaleza.

2. Evaluar el historial clínico previo de los elefantes enfermos

Se debe obtener un historial completo del individuo antes de realizar un examen físico. Toda la información disponible sobre problemas anteriores puede ser tan importante para un diagnóstico como la propia queja actual.

Las consultas rutinarias sobre la dieta, el alojamiento o el cuidado de las patas ayudarán a evaluar la calidad del manejo diario del animal. Además, consultar al operador sobre el comportamiento, la actitud, el apetito, las heces y la orina del animal es esencial.

Esto permite establecer la duración y la progresión de los signos anormales que han llevado a llamar al veterinario. ¿Se ha administrado algún medicamento? ¿cuáles fueron los resultados? ¿ha habido algún cambio en la rutina o en el entorno?

Determinar la presencia de cualquier estresante ambiental o social que pueda manifestarse como signos físicos es esencial.

3. El exámen físico de los elefantes enfermos

Antes de comenzar, se debe preguntar al operador sobre el temperamento del elefante. Antes de acercarse al animal, hay que calmarlo con la voz. Además, la primera observación es mejor realizarla a distancia, para ver al animal en su conjunto.

El lenguaje corporal de cualquier animal y la apariencia de los ojos pueden revelar su estado de ánimo.

El examen físico debe realizarse de manera coherente, utilizando siempre el mismo orden. Debe ser un análisis minucioso, incluso si se descubre rápidamente cuál es la causa de la molestia.

Primer vistazo ¿vemos algo raro?

Se comienza observando la condición general del cuerpo y la actitud del elefante desde una distancia de 2-3 metros. Es recomendable caminar alrededor del mismo para observarlo desde todos los ángulos posibles:

  • Si se marcan las costillas o las escápulas, si tiene los flancos hundidos, estos son indicativos del mal estado del elefante.
  • ¿Está el elefante alerta y activo? ¿hay evidencia de dolor o hinchazón?

Nos vamos acercando, ¿qué podemos examinar en la cabeza?

Es necesario observar la piel y los ojos: cualquier cicatriz o anormalidad puede dar una pista. Los colmillos también deben ser examinados de cerca. Cualquier asimetría, decoloración o mal olor deben despertar sospechas.

Escuchar la respiración también es clave. Si el elefante permite que su trompa sea manipulada, hay que comprobar la simetría del flujo de aire entre las dos narinas. Otras recomendaciones son examinar la cavidad ora, observar la lengua, las mucosas y los dientes.

Palpando la arteria auricular en el borde caudal de la oreja se puede tomar el pulso al animal. El ritmo cardíaco normal en un elefante de pie es de 25-30 latidos por minuto.

Examinemos el tronco

Ha qe observar las extremidades en busca de heridas, asimetría, hinchazón o sensibilidad. Examinar la piel y las uñas para ver si están dañadas, ya que esto puede derivar en lesiones más graves. La pododermatitis es particularmente grave para los elefantes porque puede evolucionar hacia una osteomielitis.

También es interesante auscultar el corazón. Este órgano está un poco más cerca de la cabeza de lo que sucede en otros ungulados y por eso la auscultación es difícil. En un elefante entrenado, el cuidador puede pedirle que mueva la pata delantera izquierda para acceder mejor a este órgano.

Por último, examinemos el abdomen

Observar las glándulas mamarias y el contorno abdominal en busca de cualquier alteración. Examinar adecuadamente los genitales externos, en busca de señales de enfermedad y tomar la temperatura, por vía rectal (la media en un elefante adulto suele ser de 36-37°C).

Un elefante triste.

Todos estos pasos a seguir ponen en evidencia lo difícil que puede resultar realizar un diagnóstico completo de un elefante. A pesar de ello, estos procedimientos son necesarios para asegurar el bienestar del animal en núcleos zoológicos y reservas.

  • Fowler M, Mikota S. Biology, Medicine, and Surgery of Elephants. Hoboken: John Wiley & Sons; 2008